lunes, 14 de abril de 2014

Txotx en sidreria Sarasola (Astigarraga)

                                          EL CESAR DEBE PARECER CESAR

Con este viejo dicho quiero empezar esta crónica  sobre esta sidrería y lo voy a explicar alto y claro para que se me entienda perfectamente.
Lo dicho, el César debe parecer César ¿que quiero decir con esto? Pues muy fácil, una sidrería no solo debe ser una bodega donde se elabora la sidra, sino un lugar que, aparte de elaborar la sidra, también debe ser un restaurante, con más o menos detalle, pero restaurante al fin y al cabo. Llegamos a la (sidrería) Sarasola a buena hora y, en lo que viene siendo un almacén durante el año con puerta de bajera, paredes sin rasear y electricidad a la vista,  había decenas de mesas hacinadas unas al lado de otras en un ambiente caótico y desordenado entre cientos y cientos de personas. Cuando entendimos que aquello era "la guerra" y "un sálvese quien pueda", decidimos intentar colocarnos en una mesa que vimos y que parecía no estar llena. Nuestra mesa estaba enfrente de la primera Kupela y alrededor de ella nos dimos cita 14 personas. Las mesas no tenían bancos (ninguna de las decenas antes citadas) y en esto me quiero detener para que se entienda:
1-Las sidrerías del siglo XXI deben tener aposento al rededor de la mesa (al menos bancos) por múltiples motivos pero el más importante es que si te diriges a un " local hostelero" a disfrutar de un buen txuletón, es necesario el reposo suficiente que requiere la ingesta de este plato.
2-Muchas sidrerías ofrecen la posibilidad de tomar el menú de pie en lugares concretos del comedor al público que así lo desee, pero no a la totalidad de éste y por obligación.
3-En todas las sidrerías que he estado en mi vida (que son muchas) nunca he tenido que comer de pie. Alguna vez me ha tocado ver que una cuadrilla apartaba los bancos y comiera de pie. Sabemos que antes se comía de pie en las sidrerías, pero debemos tener en cuenta que ahora la gente va a pasar el día, a disfrutar de la comida y la sidra y a pasar un buen rato, pero no a estar 3 ó 4 horas de pie luchando con el resto de personas por llevarse algo a la boca o conseguir un vaso de sidra.

Entrada a la "sidreria"

Masificación total y toldos colgando

Como os digo, no creo que en esta sidrería comiésemos de pie por tradición. En mi opinión lo hicieron por avaricia, por que si por mantener la tradición fuera, en una mesa donde caben 12 comensales sentados ( por poner un ejemplo ), de pie debería ser para los mismos 12 comensales, cosa que no ocurrió en esta sidrería, dándose casos en los que en una mesa había 24 o 25 comensales. Sinceramente esta masificación en una sola mesa hace imposible poder difrutar de la comilona en sí ni de la charla ni de una simple conversación y, por supuesto, es imposible disfrutar de una agradable sobremesa.
Lo que más nos llamó la atención cuando entramos es el cáos que reinaba en aquel lugar. Había montones de gente y montones de mesas, pero nadie sabía donde debía sentarse. Las mesas no estaban identificadas de ninguna forma y no había nadie del local que estuviera en la puerta indicando, al menos, hacia donde debíamos dirigirnos. Estamos hablando de un local con un aforo para 250 personas que suponemos sentadas, porque allí estábamos por lo menos el doble, así que comprenderéis que el desconcierto era absoluto. Como os he contado antes,  nos pusimos a buscar un hueco en alguna de las muchas mesas que había y lo encontramos en frente de la primera kupela. Por supuesto,  a los comensales que ya estaban allí no los conocíamos de nada. Nosotros mismos les preguntamos si podíamos ponernos allí y ellos nos informaron de que aquella mesa también pertenecía a nuestro grupo, así que allí nos quedamos. En aquella mesa ya habían empezado a servir los primeros platos sin ni siquiera estar completa, ya que seguía habiendo mucha gente de nuestro grupo que todavía no sabía donde debía ponerse, pero el descontrol era total y cada cual debía buscarse la vida como pudiera. Como digo, en la mesa en la que nos colocamos ya había chorizo a la sidra y morcilla cocida en bandejas.


El chorizo lo llevaban en pozales o cubos por toda la sidrería y lo servían con unos cucharones a las bandejas. El César debe parecer César: no digo que el chorizo estaría malo, que no lo estaba, pero recorrer un almacén con cubos llenos de este producto cuando menos quita el gusto o, por poner un símil que me vino a la cabeza, me recordó muchísimo a la comida de campamento en la mili. La morcilla cocida si que estaba buena.

Compañeros de mesa

Se me olvidaba comentar que no dispusimos  de platos y tan solo disponíamos de vaso de sidra y tenedor, el cuchillo era compartido.
Seguía el menú con tortilla de bacalao y la camarera vino con las cuatro que correspondían a la mesa una encima de otra (el César debe parecer César) con sus correspondientes bandejas. Mientras hacíamos una larga cola en la kupela fuimos sacando la cuenta de la gente que en esta sidrería se hacinaba y a "bote pronto" y sin exagerar nos salían al rededor de 350 o 400 personas las que en ese almacén (por no llamarlo de otra manera) pretendíamos comer. Nos percatamos que las " vergüenzas" o, mejor dicho, los rincones que mas vergüenza darían a la vista del comensal los taparon con varios toldos y la imagen resultante era de garito o pipote, vamos, de lo más rocambolesca.


De las cuatro tortillas de bacalao que pusieron (de mala manera) encima de nuestra mesa, solo una llegaba al aprobado, las otras tres estaban secas y la que llegó al aprobado simplemente estaba mas jugosa. La tortilla de bacalao no tiene ningún secreto en su elaboración, simplemente hay que "pochar muy despacico" la cebolla y el pimiento verde (si se quiere pimiento verde en la tortilla), después añadir el bacalao y añadir el huevo y perejil, fresco por supuesto, al gusto. Hacer todo a fuego lento para no quemarla y, una vez cuaje por un lado, dar la vuelta y ya está!! ¿Es tan difícil? Seguramente y, debido a la masificación de este local, se les olvidó añadir cebolla que es lo que le da untuosidad a esta tortilla. Sin añadir dicho producto se hace muy difícil que salga jugosa y, por el contrario, es muy fácil que se seque.
Se terminó la tortilla "buena" y de las demás sobró bastante. Llegados a este punto decidimos ir hacia el WC y a la vuelta hacer la eterna cola que había en todas las kupelas para llenar nuestro vaso de sidra. Esto si que terminó con mi paciencia puesto que había cuatro urinarios y tres retretes para toda la muchedumbre que nos dábamos cita en este "local" y para más inri, dos de los tres retretes estuvieron durante mucho tiempo fuera de servicio porque se atascaron. No se como a alguien se le ocurre dar de comer y, sobre todo de beber, a diestro y siniestro sin ni siquiera pensar en lo que van a descargar. Quiero pensar que a estos señores que regentan este local  se les olvidó construir los baños que hacen falta para 350 o 400 personas, no obstante, la gente quiso recordarles, para años venideros, que debían construirlos haciendo aguas menores y mayores en los alrededores de la entrada de este local lo que contribuyó a que este local  pareciera un establo en toda regla. Dicho todo esto, continuamos con la comida.

Seguimos con el bacalao frito con pimientos:


El bacalao quizás fue lo mejor de tal despropósito de comida. Lo único que llegó bien hecho, bien sazonado y a su debida temperatura, aunque lo trajeron a la mesa como todo lo anterior: todas las bandejas una encima de la otra. Mientras engullíamos este plato me empezó a sobrar ropa y después de quitarme el jersey me di cuenta de que no había ningún sitio donde colocarlo. No había ni un solo perchero, ni tan siquiera un clavo mal clavado para tal efecto en todo el "establo", así que tuve que dejarlo encima del montón que habían echo el resto de mis compañeros de mesa con sus abrigos en un rincón en el suelo.


Pasó mucho rato (y muchos vasos de sidra) hasta que la estresada camarera viniera con las txuletas y, como todo lo antes servido, trajo cuatro de ellas unas sobre otras con bandejas y todo (el César debe parecer César). Llegaron muy templaditas y enseguida se quedaron frías.
Para cuando el queso con membrillo y las nueces llegaron a la mesa pasó una eternidad. Decir que el queso era muy fresco (para sidrería), sin más. La espera se hizo tan larga que empezamos a sentir el cansancio de las horas que llevábamos allí de pie y fue entonces cuando descubrimos qué es lo que tapaban los toldos verdes, o al menos algunos de ellos. Detrás del toldo verde que estaba al lado de nuestra mesa estaban las cajas o jaulas de plástico vacías de las botellas de sidra. Nos hicimos con algunas de ellas y acabamos haciendo la sobremesa sentados sobre las cajas puestas del revés y formando un corro. Esos fueron los únicos asientos de los que pudimos disponer en toda la comida.


He estado escribiendo este post durante cinco largos días y mientras escribía pensaba en qué lugar he llegado a comer peor que en este y, sinceramente, no recuerdo ninguno. Así que, muy a mi pesar, Sidrería Sarasola tiene el  honor de ser el lugar donde peor he comido en mi vida.
Este circo que fue nuestra comida nos salió a 30 Euros por barba y, desde luego, me salieron del alma. Creo que debería haber pedido el libro de reclamaciones, pero no lo hice. Después de varios días dándole vueltas (a si debería haber pedido el libro de reclamaciones o no), lo que me dio un escalofrío fue pensar que este lugar tenga licencia de apertura.
Sinceramente y, con algo de sorna, puedo decir que este lugar nos dio tan mal de comer y tan mal servicio que lo único que puede hacer de ahora en adelante es mejorar. No creo que pueda empeorar un servicio.
Lo dicho: El César debe parecer César

jueves, 13 de febrero de 2014

de comilonas, pintxos, tapas y otras viandas

Un colega me pasó este curioso artículo del número 15 de la revista gratuita "El Mono Revista para el WC".
Me pareció tremendamente interesante, curioso, gracioso y muy acertado, así que aquí os lo dejo para que lo disfrutéis... (Pinchar en las fotos para ampliar)




Espero que os haya gustado tanto como a mi y que nadie se haya sentido ofendido con el término "naburros", con el que yo me identifico totalmente y me incluyo en dicho grupo. Yo mismo me veo en las situaciones aquí descritas y al leerlas, pues ya se sabe... que me he reído mucho y de mi mismo el primero. Que me sirva de autocrítica!!!!

sábado, 1 de febrero de 2014

CENA EN "EL ALCORCE "

He pensado mucho, y muchos días, en como hacer (de la mejor manera posible) el comentario sobre este restaurante, sin querer hacer sangre de tal despropósito de cena. Solo se me ha ocurrido una manera de hacerlo y es la siguiente:
Voy a escribir este comentario como si fuera para los dueños o gerentes de este local .
Elegimos el menú que tenían preparado para todas las citas que se dan en esta ciudad a la hora de salir a comer o cenar. El menú comenzaba con un chupito de caldo, que creo, y digo creo, que era casero. Mal presentado en vaso de plástico, pero caliente y bueno para comenzar con un banquete que creíamos iba a ser de nuestro agrado.


Siguieron los entrantes con ensalada de bacalao y os diría (a los gerentes de este local) que el primer secreto en hostelería para el triunfo sobre la competencia que debéis conocer es que la materia prima debe ser fresca y a ser posible local. La ensalada no es que estaría del todo mala pero si insípida. Quitando las endivias con bacalao, que no es que estarían extraordinarias, pero eran de mejor calidad que el resto. El tomate no era de la zona y, si lo era, debía ser de invernadero, lo cual se nota. No me sorprendió en absoluto y empecé a  darme cuenta en este plato de lo insípido y  falta de gusto que vendría después.


El siguiente entrante era la mariscada vertical. Un nombre demasiado rebuscado para el resultado que extraemos de este plato. Consistía en unos siete u ocho gambones hechos a la plancha y atravesados por un alambre, tipo pincho moruno, y en la parte de abajo unas zamburiñas. Los gambones eran congelados, primero descongelados y, después, demasiado hechos a la plancha hasta dejarlos secos, sin ningún tipo de humedad que retenga el "gustico" típico del marisco al "rechupetear" sus cáscaras, cabezas etc. Las zamburiñas estaban compradas, por lo visto, al mismo proveedor mayorista de congelados y tenían la misma sequedad que lo anteriormente descrito. Para mi gusto, este plato es un despropósito. En un restaurante que se precie, el marisco congelado a la plancha es como juntar agua y aceite, no casan ni ligan. Creo que es mejor elaborar cualquier otro plato con materia prima más económica pero fresca si el marisco fresco no encaja en el precio final que queremos poner al menú.


La degustación de ibéricos "de no se cuantas jotas" que ponía en el menú era de medio pelo tirando "pa bajo". Lo mejor era el salchichón con diferencia y el chorizo y el jamón eran muy normalitos. Este plato no lo voy a comentar demasiado porque no tiene demasiada elaboración, pero si tiene una transformación del corte al plato muy significativa. Cortamos jamón de una bellota o ibérico y en el menú ponemos que tiene media docena de bellotas. Como estoy escribiendo para los gerentes de este local, deciros nada más que para carnavales (aunque cortéis el mismo jamón) yo en el menú le quitaría dos o tres "jotas".


Con los segundos ya vino el esperpento de la cena. Mis acompañantes pidieron calamar a la plancha y pato y yo txuletón (y pongo txuletón con "tx" y con acento) y lo que me sirvieron fue un filete gordo, mejor que gordo, era grueso sin más. Muy pasado de hacer en la plancha (como casi todo lo que hicieron en la plancha) y encima de una chapa rusiente, la cual ayudó a que el "txuleton" estaría como una suela de zapato. Con el txuletón en Navarra no se juega !!! y vosotros lo hicisteis !! Encima tuvisteis el coraje de cobrarme 5 euros más de sobrecoste por ello, cuando uno de los socios del local se llevó mi plato con el txuleton prácticamente sin tocar y no tuvo vergüenza ni de preguntar porqué. No se como se puede abrir al público un negocio hostelero en Navarra sin tener ni la más mínima idea de saber lo que es un txuletón, su grosor, su asado, etc. Os invito a ir a comer al Don Julian en Tolosa o al Capricho en León, del cual tengo un artículo en este blog y aprender un poco sobre esta carne o, al menos, a llamar a cada cosa por su nombre. Penosa experiencia.


Otro de los comensales pidió calamar a la plancha y era pota, por supuesto que congelada, y hecha a la plancha.Os diría que los grandes restaurantes matan por tener los productos más frescos y creo que en Navarra no es demasiado difícil conseguir grandísimos productos de temporada por un precio justo, pero esto no va con la manera de trabajar de este restaurante.


Los postres no eran demasiado sorprendentes pero quizás fueron lo mejor de la cena. Sorbetes y bizcochos con helado.



Mi cena costó 30 euros por haber pedido txuleton. Los demás pagaron 25 euros. Es la peor cena de menú cerrado que he tenido, o, al menos, no puedo recordar otra peor. No entiendo como cualquiera tiene el desconocimiento para montar un restaurante y dedicarse a dar un menú o una carta sin ni siquiera plantearse cuales son los principales mandamientos de la restauración. Nunca me veréis volver por estos lares. Nunca volveréis a sacar de mi bolsillo el dinero que tanto me cuesta ganar. Tengo varios libros de restauración en mi casa y lo que quisiera transmitir a los dueños de este local es que en uno de ellos pone que un restaurante que de mal un servicio no solo pierde un cliente...

sábado, 30 de noviembre de 2013

Comida en " Casa Faustina "

Nos dirigimos a Urbasa, la mayor meseta que podemos encontrar en Navarra. Era octubre y decidimos recoger alguna "setika" mientras disfrutábamos del paisaje otoñal. Organizamos esta excursión, mas por la comida que por otra cosa, con algunas amigas de mi mujer y coincidió que vinieron de visita el matrimonio valenciano con el que tanta amistad  hicimimos en el viaje de novios y, por supuesto, su hija, "nuestra sobrina lejana". En el recuento eramos 10.
Bajamos a Barindano a buena hora, después de un buen paseo y comprar queso en la venta, para mi el mejor queso que se puede comprar. Tomamos una cerveza y a continuación a la mesa con un menú cerrado donde no existe la posibilidad de pedir nada que no esté en dicho menú. Así que paso a contaros el menú.
De primero ensalada compuesta. Llevaba de todo y mucho. Muy rica y muy fresca, recién salida del huerto, excepto los espárragos pero en ensalada da lo mismo. Muy buena ensalada.


Para beber sidra...


A continuación sacaron dos soperas con sopa de cocido, que con el "fresquillo mañanero", la verdad es que apetecían unos "sorbicos" para entrar en calor. La sopa era muy "caserica" y con "bolicas" como la de mi abuela. La verdad es que no soy muy sopero pero esta me recordó a las comidas en familia en casa de la abuela y, con la compañía tan familiar que llevaba, me resultó muy nostálgica y agradable, no me sorprendió pero me gustó.


El siguiente plato fueron alubias rojas al "estilo navarro" con los sacramentos cocinados dentro de la perola, pero sin ese espesor que le causa a la salsa la gelatina que se desprende de la grasa de dichos sacramentos (tocino, chorizo, morcilla, etc). A mi me gusta infinitamente más que la salsa sea "espesota", pero aún así estaban buenas.


Después sacaron borraja y me llamó mucho la atención porque nunca había comido este plato en restaurante, al menos cocinado a la manera tradicional ya que si he comido el crêpe de borraja del Túbal, pero nada tiene que ver con la manera tradicional de elaborar la borraja. Esta borraja estaba elaborada como el cardo y estaba realmente buena. Creo que es la primera de esta temporada y por eso la valoro tanto.


A la vez sacaron paella. Según mi colega valenciano "arroz a secas" y la verdad es que estaba un poco pasado y un tanto insípido. Fue la fuente que menos adeptos obtuvo de todos los comensales.


Respetando los tiempos empezaron a sacar los segundos y comenzaron por las "patikas de cuto" o "manitas de ministro entomatadicas". Como gran devorador de visceras que soy, tengo que decir que estaban muy bien cocidas pero que la salsa era pobre en elaboración. Tomate sin más, pero en general bastante correctas ya que la pata si esta mal cocida el plato pierde un 80%, pero si esta esta bien cocida gana un 80% y a la salsa solo le corresponde un 20%, por lo que si esta buena redondea el plato.


A la vez sacaron "cangrejicos con tomatico y magras". No se como valorar este plato, la verdad, por que su elaboración es muy simple, comerlos o chuparlos no sacia demasiado pero esta muy bien para acompañar otras cosas y, en este sentido, cumplieron pero que muy bien. A mi personalmente me gustan con un poco de picante al termino del bocado, no con tabasco si no con guindilla o cayena añadida durante la elaboración.


También sacaron otra fuente de muslitos de pollo en salsa que estaban buenos, con toque casero y fresco, pero un poco sosos quizás.


Para terminar el extenso menú nos sacaron varias bandejas de gorrín asado o cochinillo que estaba asado en horno de leña pero quizás perdió algo de temperatura al servirlo. Aún así estaba bastante bueno.


Postres a elegir entre una extensa lista y cada uno pidió lo que mas le gustaba o apetecía en ese momento. Yo pedí leche frita y me la  sacaron recién hecha, muy  muy buena !! Quizá eché de menos como en otros sitios que sacan un par de bandejas de postres para todos los comensales y puedes ponerte la ración que te apetezca y repetir si quieres o si puedes o si queda.

La comilona costaba 16€ el menú, más la sidra, los cafés y copas salió a 18€ por barba.
Como apunte final voy a decir que esta casa sirve cosas muy caseras y simples sin grandes pretensiones. Quizás no es el restaurante donde haya un plato que valla a ser referencia de nada o, mejor dicho, no es el  primer restaurante de nada pero puede que sea el tercero en todo, sobre todo  el precio es excepcional y para ir con cuadrilla es muy recomendable. Si nos volvemos a juntar volveremos ¡ fijo!! La única nota que voy a poner "tipo queja" es que hay que reservar con bastante antelación, al menos con un mes, pero sabiéndolo, os recomendaría pasaros por Barindano sin dudar.

domingo, 10 de noviembre de 2013

COMER EN SIDRERIA " LA RUNA"

Uno de mis cuñados estaba empeñado en que comiéramos en el Restaurante la Runa porque  me aseguraba que en este buen restaurante el menú del día era insuperable. Sinceramente no soy muy amigo de comer menú del día en restaurantes ya que prefiero comer en casa, pero un día que estaba de vacaciones y coincidió que estaba en Pamplona con mis cuñados y como éste seguía empeñado en comer en La Runa, situado en  el barrio de La Rotxapea de la vieja Iruña, nos dispusimos a comer, no sin cierta inquietud sobre lo que me iba a encontrar, puesto que mi cuñado hablaba maravillas.
Sidrería de corte moderno, con sus kupelas de antaño y paredes rectilíneas de ahora, con grandes mesas en las que compartir una buena comida. Nos acomodaron en una de ellas y nos dijeron, mientras dejaban el papelito donde venía el extenso menú, que la sidra de kupela entraba en el menú, cosa que me agradó porque personalmente me gusta mas la sidra que el vino.


Pedí de primero ensalada de pimientos con bonito y de segundo riñonicos al jerez, pero tengo que decir que cuando voy de menú me gusta probar distintos segundos para poder comparar. Los que habéis comido con migo lo sabéis.
Mientras pensábamos que pedir nos agasajaron con una "tostadica a la parrilla con aceitico y tomatico de casa", por supuesto.


Sencillo, en buena proporción  y con sabor de siempre, muy bueno y muy bien pensado para echar el primer vaso de sidra.
De primero pedí ensalada de pimiento con bonito. Muy fresca, los pimientos estaban magníficos y un aliño de gran restaurante. Sin duda a muchos restaurantes les gustaría tenerla en su carta y soñarían con poder ofrecerla en un menú del día. Se que estoy hablando de una ensalada pero que sepáis que no hace falta investigar demasiado para saber si una cocina es de gran calidad o no, basta con una ensalada con una tostada o un caldo.


Mi cuñado pidió pochas y por supuesto que las probé. Las pochas en Navarra  son  un plato típico y lo típico "en todos los sitios de pan y vino" es que las hagan mas a nuestro gusto que en unos sitio que en otros, pero estas eran sublimes.Gran plato, incluidas sus piparrikas.


De segundo pedí riñonicos al jerez. Como gran "deborador de visceras" que soy (me encanta el patorrillo los higadicos, morros etc), poco tengo que decir sobre la elaboración simplemente magnífica pero si lo voy a decir sobre la materia prima, siendo tan fresca es mas fácil hacer los platos de gran calidad que este restaurante hace.


Mi cuñado pidió codornices a la parrilla y en este aspecto tengo que decir que en La Runa, aparte de un@ grandísim@ guisander@, hay un grandísimo o grandísima maestro asador. No es tan fácil asar y dejar jugosa una codorniz  por simple que parezca.


De postre pastel vasco, "caseriko y  calentiko" y otra vez mas en su justa medida.


Lo mejor vino después del postre. La comilona nos salió por la friolera cantidad de 12 Euros por barba. Este precio por este despliegue de calidad no he encontrado en ningún sitio en los que he comido o he cenado tan bien, ni mucho menos por este precio y muchísimo menos en Navarra. 
Después de este día he vuelto varias veces más a comer a la Runa y siempre he salido encantado y satisfecho de hacerlo. Solo encuentro un "pero" en esta casa y es que no ofertan este menú en fin de semana pero eso ya es política de empresa la cual no me veo cualificado para criticar. Lo considero un menú muy digno para ofrecer de "fin de semana" a un precio superior. En muchos sitios ofrecen "menús fin de semana" que no llegan al nivel de este menú del día  ni de lejos. 
Resumiendo: mucho, muy bueno y barato ¿quién quiere más?
Cuantos propietarios de muchos restaurantes deberían de probar este menú en Sidrería La Runa.

domingo, 15 de septiembre de 2013

comer en leon

Quise volver de Galicia por Leon, por la Autopista del Peregrino, ¿para ver la capital? No!!! Solo y exclusivamente para comer en Jiménez de Jamuz en el Restaurante El Capricho, que se encuentra a unos 70 kms de la capital hacia el sur. Este restaurante es el único en la zona norte que sirve buey en su carta, aparte de vaca de trabajo y ternera. Todo bien explicado, pesado y con su debido precio.
Un loco!! Así le decían al actual gerente de este restaurante hace años en ese pequeño pueblo. Un enfermo de la carne roja que quiso ofrecer a los comensales de la tasca de su padre buey, no vaca vieja ni ternera, que, por supuesto, también ofrece en su carta.


Este buen hombre se recorre todo el norte del país para hacerse con bueyes de trabajo de toda la vida y cebarlos hasta conseguir que sobrepasen holgadamente los 1000 kilos y los 10, 12 y hasta 16 años. Construyó su sueño en la bodega de su padre, típica de esta zona, con sus "cuevecitas" picadas a mano en la dura roca.


Al llegar nos acercamos a la recepción para corroborar nuestra reserva y tomar un refrigerio. Nos atendieron educadamente y con la cerveza (Estrella Galicia) y la Coca-Cola nos agasajaron con dos pintxikos de poca elaboración pero buenos. Nos gustó la decoración de dicha recepción con muchos cuadros de recortes de las revistas mas prestigiosas culinarias afirmando que este restaurante tiene la mejor carne del mundo. No solo revistas nacionales también francesas, inglesas y "yankis". Por supuesto, también había referencias al buey con dos grandísimos cuernos colocados en el frente de la barra. Después de un rato disfrutando del pote, nos fuimos a nuestra mesa.


Nada mas sentarnos en la mesa y pidiendo una "botellica" de agua, nos sacaron un pintxiko de una especie de paté de buey con "trocicos" de pan de hogaza "pasadico" por la parrilla. Muy interesante el sabor.


De primer entrante pedimos pimientos asados a la encina y, sinceramente, estaban "cojonudisimos". Con el sabor que le da la madera o el carbón al asar cualquier cosa, en el pimiento penetra y también  se nota y mucho.


De segundo entrante pedimos tosta de berenjena y anchoas. La verdad es que estaba buena pero creo que no es la mejor tostada que he comido. Ahora bien, tengo que reconocer que "jamás de los jamases" se me habría ocurrido que la berenjena o, mejor dicho, que un puré de berenjena con mucho "pochadito" de verduras y anchoas del cantábrico habría ligado tan bien encima de una hogaza de pan.


Plato principal Txuleta de buey ¡¡¡por supuesto!!! Quiero explicarme bien en este plato para que me entendáis. No es comparable a NADA y repito NADA de lo que he comido nunca. Su textura, su sabor y sobre todo su untuosidad no es comparable a nada. Lo que me sorprendió al cambiarnos los platos y cubiertos  fue que el cuchillo no tenía dientes y me pregunté a mi mismo si se habían equivocado, pero no. La carne del txuleton de buey es tan tierna como un filete de ternera y sacia al comensal inmensamente más que cualquiera de los que he probado antes en sidrerías o en mi propia casa. Sobre todo, lo que mas llamó mi atención fue el sabor de la la grasa, ¿comestible? Si y muy exquisita, combinándola con un trocito de carne.


Primero y antes de nada, el gerente se acerca a la mesa y te enseña en fresco el corte que ha preparado para los comensales, en nuestro caso una txuleta de 1,200 kilos. A continuación, y una vez asada, se acerca con una mesita y la corta en "pedacitos" para que el comensal no pierda tiempo en cortarla y conseguir el total aprovechamiento de dicha txuleta.


Lo reparte equitativamente entre los comensales que haya en la mesa y, en principio, parece poca cantidad pero esta carne sacia muchísimo más que cualquier otra.


De postre leche frita. Parece un postre normal y corriente pero no lo es. ¿Cómo es posible que la leche frita este caliente y "liquidica" por dentro? ¿Cómo lo hacen? Increíble!!!


El Capricho es un restaurante para sibaritas o enfermos del txuleton o la carne roja. No es barato para nada, tampoco creo que deba serlo ya que, si lo que ofreces en tu carta es un animal que debe de vivir 12 años (por ejemplo) a cuerpo de rey, el precio de la producción se dispara. El kilo de txuleta de buey esta a 70 euros en este restaurante pero sirven vaca de trabajo a 48€ y ternera a 24€. Lo importante es que no engañan a nadie. La carta te da las diferentes opciones a su precio justo. Nada de anunciar txuleton de buey a precio de vaca como estamos acostumbrados. La vaca vieja no es buey por mucho que en la legislación del ganado vacuno se le de ese calificativo. 
Nuestra comida salió por 120 euros los dos y, sinceramente, salí encantado. No creo que en un futuro próximo me desvíe, si estoy por la zona, para volver a comer allí, pero sin duda puedo decir alto y claro que he comido buey y que no tiene nada que ver con la vaca vieja ni con nada.

Desde aquí y si vale de algo :
BENDITO LOCO !!!
Nota: Si tenéis ocasión es un restaurante muy recomendable, pero hay que ir con la cartera llena.

comer en vigo

Tengo que empezar diciendo (o escribiendo) que acudimos a Vigo con la idea de comer en el Restaurante Puerto en la calle de Areal nº 30, pero ni reservé ni llamé antes para asegurarlo y al llegar nos encontramos que el sitio estaba cerrado por vacaciones. Era ya hora de comer bastante avanzada (alrededor de las 15:00) cuando esto sucedió y nos quedamos un poco perplejos, así que, sin capacidad de reacción (casi) nos dirigimos hacia la zona del Mercado do Pedra para ver donde podíamos comer. Por las prisas fuimos al Restaurante O Porton, en la misma calle de las Ostras, en vez de hacer lo que debíamos y que ya os he contado en otras ocasiones: estudiar bien primero y comer bien después.
La calle de las Ostras (muy conocida en Vigo) es una calle estrechita, empedrada y bonita llena de restaurantes a ambos lados, pero todos ellos con un denominador común: "todos para turistas". Cometimos el error del que habíamos estado huyendo todas las vacaciones, pero primero voy a relataros lo que comimos y después pasaré a dar mi opinión (crítica).

 Como primer entrante pedimos empanada gallega. No soy muy amigo de la empanada, sinceramente, pero tengo que reconocer que ésta me sorprendió gratamente, aunque también tengo que decir que no es muy difícil conseguir que este producto agrade si se emplea un buen producto, ya que en mi opinión no tiene demasiada elaboración y no le encuentro mayor valor culinario. La empanada consistía es una capa fina de masa rellena de zamburiñas y "piperradica" (pimiento verde, rojo y cebolla). Tengo que añadir que las zamburiñas eran frescas pero en mi opinión personal no es la mejor manera de comer zamburiñas.


 De segundo entrante  pedimos txokos (así como suena), pero ¿qué son los txokos? Pues son unos chipirones de un calibre mayor del que estamos acostumbrados por estos lares. Esta elección fue muy acertada. Estaban muy bien echos, con un increíble sabor a fresco, a mar y a chipirón pero además, mas grandes que estos. Buen descubrimiento para la posteridad.


Para continuar pedimos mariscada para dos. En términos generales puede que este bien presentada, puede que contenga mucho marisco y puede y puede... pero voy a explicar de manera fácil qué es lo que me parece mal de este tipo de plato que tantísimo se oferta en esta comunidad y que, en mi opinión, tanto mal está haciendo a nivel gastronómico de calidad. En principio, la mariscada se presenta con muchos tipos de mariscos en una fuente, unos cocidos, otros a la plancha, por lo que es realmente imposible que lo cocido no pierda temperatura y que lo que esta a la plancha se nos quede helado con mucha más facilidad y en muy poco tiempo. La mariscada (o una buena mariscada) va por pasos: primero una cigalita, después una navaja, a continuación unas almejas y así hasta que no podamos más.
Nuestra mariscada contenía de todo en un "batiburrillo de especímenes crustáceos" puestos en una bandeja: 2 bueyes, cigalas, navajas, almejas, gambas, langostinos, mejillones y no se que más pero de muy baja calidad y calibre,  marisco que cualquiera de nosotros puede comprar en el Eroski de al lado de casa y "darse el gusto" por menos dinero, por que si analizamos detenidamente el marisco que nos ofrecieron  en el O porton, su calidad era del tipo "arrocero" osea el marisco más bien pequeño que se echa a arroces y paellas.


Los postres fueron tarta de queso (industrial) y tarta de la abuela hecha a base de galletas, chocolate y crema y, lo más importante, era casera y mucho mejor que la primera.

                         

No me gustó este restaurante, en términos generales. Por su calidad y servicio nos defraudó bastante y nos dejamos 91 euros de ala. Comida de batalla en una comunidad donde el marisco es la bandera y las calles de lo viejo (de cada ciudad) su estandarte. Caímos en la trampa y, al menos, en el O porton no volverá a ocurrir.
Me queda el mal regusto de que nos han engañado.

Nota: si tanto y tanto luchan a favor del marisco gallego ¿no deberían empezar por hacerlo en Galicia? Marisco de Marruecos, o de más lejos incluso, campa a sus anchas en todo Galicia con el agravante de que los hosteleros de esa comunidad invitan al engaño no describiendo bien si es gallego o no. Del engaño del marisco te das de cuenta en cuanto lo sirven en la mesa. El engaño del precio llega con los cafés. A esas alturas ya no hay vuelta atrás, y como somos gente decente, pagamos religiosamente, pero siempre nos queda el "derecho al pataleo".